Para comprender la identidad de Tijuana no basta con mirar su dinamismo moderno; es necesario detenerse ante las joyas arquitectónicas que sobrevivieron al paso del tiempo y que atestiguaron su transformación. En pleno corazón de la Avenida Revolución, entre las calles 7ma y 8va, se alza un gigante de estilo morisco que evoca el glamour, la adrenalina y la opulencia de mediados del siglo XX: El Antiguo Palacio Frontón Jai Alai.
Hoy en día es ampliamente conocido como un centro de espectáculos bajo el nombre de “El Foro”, pero las paredes de este edificio resguardan la memoria del «deporte más rápido del mundo» y una época en la que Tijuana era el epicentro de las apuestas y la vida nocturna del suroeste del continente.
El sueño pausado: De los casinos al freno cardenista
La historia de este majestuoso recinto comenzó a tejerse a finales de la década de 1920. Impulsado por el arrollador éxito del Casino de Agua Caliente y el auge turístico derivado de la Ley Seca en Estados Unidos, el empresario Don Mariano Escobedo González vio en el Jai Alai (un deporte de origen vasco jugado con una cesta de mimbre y una pelota de cuero de altísima velocidad) la atracción perfecta para cautivar a los visitantes extranjeros.
El diseño arquitectónico se le encomendó a Eugene Hoffman, un arquitecto radicado en San Diego. Sin embargo, lo que prometía ser una inauguración exprés sufrió un duro revés histórico. En 1935, bajo el mandato del presidente Lázaro Cárdenas, se decretó la estricta prohibición de los juegos de azar y casinos en México. Con las apuestas proscritas, las obras del enorme recinto de hormigón y detalles árabes se congelaron, dejando al coloso sumido en el abandono durante años.
1947: La gran inauguración y el desborde turístico
Tras superar los desafíos legales, tramitar nuevos permisos y rescatar la estructura del olvido, el 28 de febrero de 1947 el Frontón Palacio Jai Alai abrió oficialmente sus puertas.
La respuesta fue masiva. Más de 2,000 personas se congregaron esa noche, superando por mucho la capacidad de las butacas disponibles. Turistas californianos, residentes locales y figuras de la élite artística y política abarrotaron el lugar para presenciar lo que se promocionaba en las postales de la época como un sitio exclusivo donde se podía «cenar, bailar y ver el emocionante juego de Jai Alai».
Afuera, sobre la acera de la Avenida Revolución, se erigió el icónico monumento que hoy en día sigue dándole identidad al edificio: la estatua de un pelotari (jugador) capturando la pelota con su cesta, suspendido sobre un imponente globo terráqueo.
La era dorada y las pelotas a 300 km/h
Durante las décadas de 1950 y 1960, el Jai Alai en Tijuana vivió su época de esplendor absoluto. Las apuestas corrían a ritmos vertiginosos y los mejores pelotaris del País Vasco, Cuba y el resto de México llegaban a la frontera atraídos por la fama del recinto.
El espectáculo era fascinante. La pelota, elaborada artesanalmente con un peso aproximado de 120 gramos, salía proyectada de la cesta de mimbre alcanzando velocidades de hasta 300 km/h. Era un juego violento, veloz y sumamente técnico que desgastaba las pelotas en cuestión de 20 minutos, obligando a tener artesanos tejiendo y reparando el cuero y el mimbre en los pasillos traseros del edificio durante las funciones.
Incluso un fuerte incendio en octubre de 1957, que destruyó dos terceras partes del inmueble y el techo (dejando intacta principalmente la fachada), no pudo detener su leyenda. El palacio fue remodelado y reabierto con rapidez, continuando de largo con sus noches de gala.
El declive del deporte y el nacimiento de «El Foro»
Hacia finales del siglo XX, la popularidad de la cesta punta comenzó a decaer a nivel internacional. Las huelgas de pelotaris en diversas partes del mundo, la diversificación de las opciones de entretenimiento y los cambios en las leyes de apuestas mermaron los ingresos de los frentes de juego tradicionales. El Palacio Jai Alai de Tijuana eventualmente apagó sus canchas de juego rápido, cerrando un ciclo deportivo inolvidable.
Sin embargo, el coloso se negó a morir. En lugar de ser demolido, el espacio se reinventó respetando su icónica fachada morisca. Su cancha y graderías se transformaron en un majestuoso auditorio con una acústica privilegiada.
Bajo el nombre de El Foro, el Antiguo Palacio Jai Alai se consolidó como el centro de espectáculos más representativo de la Zona Centro. Por su escenario han desfilado infinidad de artistas nacionales e internacionales, obras de teatro, conciertos de rock, pop, música clásica y eventos comunitarios.
Un legado inamovible
Hoy en día, el Palacio Jai Alai cuenta con la declaratoria de Patrimonio Cultural de Tijuana. Aunque la adrenalina de los pelotaris ya no resuena contra el frontón de piedra, el edificio sigue cumpliendo su propósito original: congregar a las masas, generar asombro y mantenerse como un pilar imprescindible de la vida nocturna, cultural e histórica de la frontera más visitada del mundo.
